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¿Te has preguntado alguna vez por qué compras una marca internacional?, ¿y cómo has llegado a ella? Seguramente nadie puede imaginar el enorme y vertiginoso esfuerzo de aquellas empresas y diseñadores que se atreven a trascender fronteras. Y más aún en el mundo de la moda, tan ligado a los gustos y a los usos sociales de cada cultura.
Indudablemente, lograr una marca global es más fácil que hace unos años atrás porque hoy las tecnologías de la comunicación acortan distancias y facilitan el proceso, pero su aporte es relativo comparado con el trabajo que se tiene que invertir en una marca para que tenga presencia en diversas latitudes.
La fase previa consiste en alcanzar un muy alto grado de madurez en el lugar de origen. “La empresa tiene que tener muy claro el concepto de marca y producto. Tiene que conocer muy bien los valores locales, el mercado en el cual trabaja, quién es su público y cómo responde. Es fundamental estar bien posicionado en su país antes de lanzarse al mundo”, explica Victoria Muller, profesora del programa Comunicación y Gestión de la Moda del Centro Universitario Villanueva.
Otro aspecto fundamental a la hora del desembarco en el exterior es contar con toda la información real del mercado al que se quiere llegar, conocer la demanda, la cultura y los competidores locales. Es importante hacer viajes previos, consultar con agencias y estudios de mercado.
También es fundamental conocer las dificultades en el punto de venta, la localización de la tienda y la legislación. Un socio local tiene mucho para aportar en este sentido y puede ser la llave para un despegue exitoso.
Hay diseñadores españoles que ya están marcando el camino. Custo Barcelona se abrió al mercado internacional con un concepto muy claro y hoy cuenta con tiendas en Estados Unidos, Italia, Francia, Grecia, Puerto Rico y Corea, entre otros puntos. Agatha Ruiz de Prada, Tous y Mango son otros ejemplos que muestran que un buen nombre puede llegar lejos.
03/07/2009 |
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