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Pero el hecho más importante que marcó el nacimiento de la corbata se produjo en la segunda mitad del siglo XVII y está relacionado con la vestimenta del regimiento de Croacia de aquella época. Durante la guerra de los treinta años (1618 – 1648), los oficiales croatas, que respondían al Imperio Austro Húngaro, se presentaron ante al rey de Francia Luis XIV para prestarle su apoyo, con un pañuelo de lino o muselina al cuello formando una rosa pequeña y dejando colgar sus extremidades encima del pecho.
El rey Luis XIV, que era conocido por su afición al buen vestir, quedó tan cautivado con los pañuelos que los adoptó para su regimiento personal con la insignia real y los llamó “cravette”, proveniente del vocablo Crabete que significa croata y sus oficiales se denominaron Royal Cravette. Hacia finales del 1600, se impuso la costumbre de anudar la corbata, con las dos extremidades enhebradas en un ojal de la chaqueta para que permanecieran unidas, un antecesor ni más ni menos del alfiler de corbata.
Más tarde, en el siglo XVIII, el uso de la corbata adquiere un status social y con la Revolución Francesa (1789) representa un símbolo político, el revolucionario se distingue del contrarevolucionario a través del color, el primero la llevaba en negro mientras que el segundo la usaba en blanco.
Por estos tiempos, la moda también llegó a Inglaterra, donde empezó a extenderse el uso de pañuelos al cuello, de grandes dimensiones que incluso llegaban a ocultar la barbilla. La figura de Beau Brummell, el dandy más recordado de la época, fue muy influyente en la difusión de la corbata entre los grupos más elegantes de la sociedad y a él se le atribuye el uso del almidón para mantener su rigidez.
La corbata cobró tanta fama entre los grupos aristocráticos de la sociedad que se hacían debates acerca de las diversas formas de anudarla. Brummel contagió su pasión por esta prenda al rey Jorge IV y los artistas, revolucionarios y burgueses de aquellos años se hicieron eco de la tendencia.
Entre los más personajes más destacados de la época que hicieron culto de su uso se encuentran el escritor irlandés Oscar Wilde que catapultó la célebre frase “Anudarse bien la corbata es el primer paso importante que un hombre debe dar en la vida”, mientras que en Francia el más célebre aficionado fue el famoso emperador Napoleón Bonaparte.
En el siglo XIX el uso de la corbata cobra más importancia, asociada a los nuevos estilos de vida y costumbres de las incipientes grandes ciudades. Para ese entonces ya se conocían 22 maneras de anudarla y los nudos Windsor (inglés) y el medio Windsor ya se ganaban un lugar en los anales de moda junto con el título de clásicos y elegantes.
La segunda década del siglo XX marcará el destino de la corbata moderna con el invento de Jesse Langsdorf, un sastre estadounidense que encontró el modo de confeccionarla con el mayor aprovechamiento de tela. Su gran idea fue trazar un ángulo de 45 grados en la trayectoria del diseño y cortó la seda en tres partes, que luego se cosían en otro proceso. El éxito fue inmediato y luego llegaron la diversidad de colores y estampados que causaron furor. En los años cincuenta ningún hombre se considera bien vestido si no lleva una corbata.
En las últimas décadas del siglo XX la corbata conoció diversas transformaciones en color y diseños, se estrechó para luego recuperar su silueta tradicional. La variedad de diseño, texturas y color supera a las creaciones de todos los tiempos. Actualmente es un complemento indispensable del fondo de armario masculino que reafirma todos los días su identidad y presencia en el mundo de la elegancia.
03-07-2009 |
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